Un icono de la Ciencia Ficción

  Al dar clases de Lengua (Literatura o Prácticas del Lenguaje), uno sabe que depende en buena medida de la estimulación previa del alumno, de su situación actual, de su motivación frente los límites a superar y, en consecuencia, del mundo imaginario que pueda crear para ejercitar durante la lectura, que lo ayudará no sólo a sortear custiones lingüísticas sino también a poder imaginar respuestas que no son evidentes y, en el mediano o largo plazo, a buscar respuestas y esperanzas donde nadie las encuentra.
  Esto me ha dado la lectura. Eso quiero impartir.
  La obra de Oesterheld, puntualmente esta que ha sido creada a mansalva y a la par de tantas otras creaciones simultáneas, me ha permitido asegurarme revertir prejuicios sobre la lectura del cómic, ha cambiado rigor por gozo en cuanto a lo que lectura de escuela se tiene entendido y, como un bonus, me dado la suficiente confianza de jugar una apuesta con alumnos a los que les daba a leer hasta la página diez de esta obra para ver si podían resistir las ganas de seguir leyendo con la grata racha invicta de no haber perdido ninguna apuesta.
  Espero que los capítulos que vaya sacando sean productores de momentos de grata lectura para los que gustan de las aventuras de este género inacabable y que me ha producido los más espléndidos sueños (y los más tenebrosos).
  Termino dando mis respetos a la vida, legado y obra de Héctor Oesterheld y familia, y de Francisco Solano López, que me han regalado una lectura y una visión.

No hay comentarios:

Publicar un comentario